Lo que más nos gusta hacer es cocinar, pensar en comida y en cómo lograr que la gente se llene de felicidad.
Cascanueces y el Rey de los Ratones en nuestros cupcakes especiales de navidad!
En noche buena una pequeña niña encuentra debajo del árbol de navidad un cascanueces en forma de soldado, lo toma bajo su protección y con él emprende aventuras en sus sueños.
La batalla contra el rey de los ratones, el encuentro con el hada de azúcar, pueblos de mermelada, castillos de mazapán, una historia deliciosa que nos inspiró para nuestros cupcakes de navidad.
-Vainilla relleno con dulce de ciruelas rojas y frosting de lavanda.
-Chocolate relleno de manzana caramelizada y frosting de almendras.
Caja por 6 $30.000 caja por 12 $55.000
pedidos a cupcakes@ocaculinaria.com
tel. 3124501183-3158314846
Fragmentos de cuando Maria y Cascanueces visitan el pueblo Mermelada
¨Cascanueces dio una palmada: el lago de las Rosas comenzó a agitarse más, las olas se hicieron mayores y María vio que a lo lejos dirigióse hacia donde estaban ellos un carro de conchas de marfil, claro y resplandeciente, tirado por dos delfines de escamas doradas. Doce negritos monísimos, con monteritas y delantalitos tejidos de plumas de colibrí, saltaron a la orilla y trasladaron a María y luego a Cascanueces, deslizándose suavemente sobre las olas, al carro, que en el mismo instante se puso en movimiento. ¡Qué hermosura verse en el carro de concha, embalsamado de aroma de rosas y conducido por encima de las olas rosadas! Los dos delfines de escamas doradas levantaban sus fauces, y al resoplar brotaban de ellas brillantes cristales que alcanzaban a gran altura, volviendo a caer en ondas espumosas y chispeantes. Luego pareció como si cantaran multitud de vocecillas. “¿Quién boga por el lago de las Rosas?… ¡El hada!… Mosquitas, ¡sum, sum, sum! Pececillos, ¡sim, sim, sim! Cisnes, ¡cua, cua, cua! Pajaritos, ¡pi, pi, pi! Ondas del torrente, agitaos, cantad, observad… El hada viene. Ondas rosadas, agitaos, refrescad, bañad.” Pero los doce negritos, que habían descendido del carro de conchas, tomaron muy a mal aquel canto y sacudieron sus sombrillas con tal fuerza que las hojas de palmera de que estaban hechas empezaron a sonar y castañetear, y ellos al tiempo acompañaban con los pies, haciendo una cadencia extraña y cantando: “¡Clip, clap, clip, clap!”
.”María volvió la cabeza, avergonzada, y cerró los ojos. En aquel instante encontróse trasladada por los mismos negros a la orilla, y en un matorral casi tan bello como el bosque de Navidad, con mil cosas admirables y, sobre todo, con unas frutas raras que colgaban de los árboles y las cuales no sólo tenían los colores más lindos, sino que olían divinamente.
-Estamos en el bosque de las Confituras -dijo Cascanueces-; pero ahí está la capital.
Entonces vio María algo verdaderamente inesperado. No sé como lograría yo, queridos niños, explicaron la belleza y las maravillas de la ciudad que se extendía ante los ojos de María en una pradera florida. Los muros y las torres estaban pintados de colores preciosos; la forma de los edificios no tenía igual en el mundo. En vez de tejados, lucían las casas coronas lindamente tejidas, y las torres, guirnaldas de hojas verdes de lo más bonito que se puede ver. Al pasar por la puerta, que parecía edificada de macarrones y de frutas escarchadas, siete soldados les presentaron armas, y un hombrecillo con una bata de brocado echóse al cuello de Cascanueces, saludándolo con las siguientes palabras:
-Bien venido seáis, querido príncipe; bien venido al pueblo de Mermelada.
María admiróse no poco al ver que Drosselmeier era considerado y tratado como príncipe por un hombre distinguido. Luego oyó un charlar confuso, un parloteo, unas risas, una música y unos cánticos que la distrajeron de todo lo demás, y sólo pensó en averiguar que era todo aquello.
-Querida señorita de Stahlbaum -respondió Cascanueces-, no tiene nada de particular. Mermelada es una ciudad alegre; siempre está lo mismo. Pero tenga la bondad de seguirme un poco más adelante.
Apenas anduvieron unos pasos, llegaron a la plaza del Mercado., que presentaba un aspecto hermoso. Todas las casas de alrededor eran de azúcar trabajada con calados y galerías superpuestas; en el centro alzábase un ramillete a modo de obelisco; cerca de él lanzaban a gran altura sus juegos de agua cuatro fuentes muy artísticas de grosella, limonada y otras bebidas dulces, y en las tazas remanzaba la crema, que se podía coger a cucharadas. Y lo más bonito de todo eran los miles de lucecillas que colocadas encima de otras tantas cabezas, iban de un lado para otro gritando, riendo, bromeando, cantando…, en una palabra, armando el alboroto que María oyera desde lejos. Veíanse gentes bellamente ataviadas: armenios, griegos, judíos y tiroleses, oficiales y soldados, sacerdotes, pastores y bufones; en fin, todos los personajes que se pueden hallar en el mundo. En una de las esquinas era mayor el tumulto; la gente se atropellaba, pues pasaba el Gran Mogol en su palanquín, acompañado por noventa y tres grandes del reino y ciento siete esclavos. En la esquina opuesta tenía su fuerte el cuerpo de pescadores, que sumaban quinientas cabezas; y lo peor fue que el Gran Señor turco tuvo la ocurrencia de irse a pasear a la plaza, a caballo, con tres mil jenízaros, yendo a interrumpir el cortejo que se dirigía al ramillete central cantando el himno Alabemos al poderoso Sol. Hubo gran revuelta y muchos tropezones y gritos.¨
Si quieren saber mas de la historia: Cascanuces y el Rey de los Ratones
Todo se ve delicioso y muy bonito…
http://www.zetta.com
.